Por
Salvador Medina Barahona
Fotos:
© Frank Málaga
Leo
se sube a la «colita»
de PRISMA 9
Corre
el año 2020 y una pandemia atroz atenaza al mundo. Estamos en un
punto de inflexión
y los artistas tienen el mejor caldo
de cultivo
para crear
dentro del confinamiento
severo. Ximena,
Analida, Alicia y Stephanie, directoras
y productoras de PRISMA-Festival Internacional de Danza Contemporánea
de Panamá, bregan contra todo pronóstico, no se amilanan, y lanzan
una convocatoria
extraordinaria para lo que, tras bastidores, bautizaron como la colita de PRISMA (9ª
edición).
A
las 4:30 p. m. del sábado 17 de abril de 2021, con la Ciudad del
Saber como aliada, se impusieron a toda adversidad:
«Hoy
presentamos los trabajos de las artistas creadoras seleccionadas a
través de una convocatoria lanzada durante el confinamiento [...].
Nos sentimos agradecidas de haber podido culminar, aunque con varios
meses de atraso, este proyecto con una presentación abierta al
público». El ahora consolidado
proyecto
ha sido nombrado SOLOS³
(solos
al cubo).
En
este grupo selecto
se encuentra
la creadora
e intérprete italiana Eleonora
Dall’Asta,
«Leo»,
radicada
en Panamá desde hace 20 años, quien postula el unipersonal DAAD,
«una
pieza que toma en consideración el espacio, el cuerpo suspendido y
el ambiente sonoro para generar un estado anímico de calma...».
Para
la fundadora de La
tribu performance,
primer colectivo
de circo
contemporáneo
de Panamá, 2020 ha sido, pese a todo, un año de logros: aparte de
subirse en la colita de PRISMA, obtuvo una Maestría en Circo
Contemporáneo
de la Universidad de Estocolmo.
Un nuevo hito, pues, en su carrera,
de quien se ha formado en la Escuela
Nacional
de Circo
de Londres y no olvida sus inicios
en la danza, bajo la instrucción
de nuestra recordada Vielka Chú, quien fuera, además, gran
colaboradora de este festival.
La
concepción
de DAAB
DAAB,
que también puede leerse De
A a B,
habla de la distancia
de un punto A a un punto B, «pero
de manera infinita»,
puntualiza Leo en entrevista del 4 de febrero de 2021, vía
Instagram.
«La
pieza nació
en plena pandemia en un momento muy frustrante para mí. Extrañaba
mucho
el mar. Me
encerraba
en el estudio a trabajar algunos elementos (nunca
tengo nada concreto, pero siempre estoy trabajando en algo
potencial),
hasta que apareció
la convocatoria.
Y como
extrañaba
el mar, quise hacer
algo relacionado
con
él.
Empecé
a buscar
objetos que tuvieran que ver con
suspensión y me sonaran a mar. Un día encontré
en el estudio cajas
y cajas
de marcadores
neón, que utilizaba mi Compañía,
La
Tribu Performance,
para hacer
sus famosas Neón
Partys.
Estos habían sido reciclados
por más de 10 años. Los lancé
al piso y me sonaron a mar. En
DAAB
mi
movimiento se ve muy afectado
por las formas que generan estos marcadores,
por el paisaje sonoro que ellos crean.
Utilizo la suspensión porque es mi trabajo y uso un arnés de pecho
para moverme en el espacio»,
puntualizó.
Los
marcadores
«construyen
y destruyen constantemente». DAAB
«analiza
la distancia como un punto de exploración de un cuerpo que construye
y destruye, un cuerpo que sabe estar en silencio y descubre espacios
pequeños e íntimos en medio del caos, un cuerpo que revienta como
una onda expansiva y se retrae como el mar desvaneciendo las
fronteras entre la forma y el espacio»,
reza la reseña de presentación
del unipersonal.
Estado
emocional
del momento y pautas de acción
«Todas
mis piezas hablan de mi estado emocional
del momento. Es inevitable. En esta en particular
busco
sobre todo flotar encima
del caos.
Un caos que se ha generado a nivel mundial, un caos pandémico,
político, humanitario, cultural... Busco
un poco una sensación de paz... Ese es mi propósito»,
confiesa Dall’Asta.
«Desde
hace un tiempo vengo trabajando esto de improvisar en escena siempre.
A ver, la improvisación igual se ensaya; pero en mis piezas no
existe
el 5, 6, 7, 8. Mis piezas son acciones que se desarrollan en el
momento. Es imposible, por ejemplo, coreografiar 2.000 marcadores en
el piso y saber cómo se van a mover. Lo que sí tengo, obviamente,
son pautas de acción. Pero el conteo no es para mí; aunque lo
intenté en el pasado. Para mí es un alivio no contar en escena. Sé
que también es un riesgo porque uno así no puede ejercer el control
absoluto sobre lo que pase. Lo que exige
estar (muy) presente en escena. ¡Estar allí! ¡El cuerpo está
allí! La idea es que el cuerpo sea real (auténtico) en ese
momento».
DAAB
en el
Gimnasio
Kiwanis de Ciudad
del Saber
«El orden es un caos en reposo».
J. M. Caballero Bonald
En un recinto
cerrado
y con
el peso de la mirada de los espectadores
presenciales
(la puesta en su conjunto también fue transmitida en vivo)
la intérprete se halla en el piso, entre dos columnas
de marcadores
neón predominantemente amarillos. Los movimientos iniciales
son lentos, pendulares. Viste atuendo
caqui:
pantalón, suéter manga larga, mascarilla.
El torso protagoniza el atrás y adelante, a un ritmo del que van
surgiendo
movimientos robóticos
sutiles, aupados por la música
programática.
Esta propuesta sonora de
Marissa
Chapman un poco
hace
recordar
escenas
del largometraje Siete
años en el Tíbet,
dirigida
por Jean-Jacques
Annaud, con
las actuaciones de Brad
Pitt
y
David
Thewlis,
donde la música
de trompetas tibetanas
concita a un estado de meditación
profundo, y que en la pieza también se produce
―si
se permite la
analogía―,
en medio del flujo danzario.
El
cuerpo va gradualmente intensificando
el movimiento, en un crescendo
comedido entre las dos
columnas
de marcadores
que se perciben
ordenados en sendas masas compactas.
Luego surgen las primeras señales de suspensión, hasta que este se
hace
ver flotando en el espacio
que el tiro de la cuerda,
en ese instante, le permite abarcar.
Conforme
la pieza avanza la fisicalidad
se va haciendo
más compleja, aunque sin alardes. La
música
o la propulsa o bien da fe de ello. Giros retadores de la gravedad.
Sonidos de mar. El cuerpo
va invadiendo el orden de los marcadores
y lo va rompiendo con
los pies; deconstruye
esas dos columnas
de cientos
y cientos
de ellos.
La moción
gravitacional del cuerpo
demanda y lleva a que este adquiera más cuerda,
y, por lo tanto, mayor libertad de desplazamiento. Bajo giros
impredecibles,
pataditas y gateos, se va desbrozando
aún más la ya amorfa y dispersa masa de marcadores
que, en el acto,
generan ruido, al friccionar
con la superficie de linóleo negro, y, más
afuera, con la madera
amostazada del suelo del Gimnasio
Kiwanis de Ciudad
del Saber.
«Muchos
de los sonidos provienen de objetos que utilizo en escena»,
nos había advertido Leo.
El espectador
tiene la impresión de estar viéndola
gravitar en el espacio,
como
una astronauta que lleva su anatomía al límite, tratando de exceder
las fronteras y alcanzar
lo que está más allá y no se ve.
Sonidos de percusión
le imprimen un nuevo dinamismo al solo. El cuerpo
se eleva en suspensión. En este punto no toca
el suelo. Luego lo retoma, lo re-toca.
La música
es ahora el pálpito de un corazón
gigante que late dentro de una especie
de eco
marino, o de una ola mayúscula
que opera cual
atmósfera protectora
y/o recinto de abandono, colapso,
paroxismo.
Ha
cobrado
una vida propia el cuerpo,
esto es, lejos de los dictados
conscientes
de la mente. La intérprete parece
rebotar en un líquido amniótico
que inunda a su vez el vientre de las aguas que
oímos, y estar segundos después al filo de una cascada
poderosa. La composición,
acierto
de Chapman,
libera
relajantes trinos de pájaros, señales
alentadoras de que se ha salido a la superficie
luego de una profunda inmersión. Al cabo,
uno parece haber presenciado el tránsito de ese
cuerpo
ya no solo de A hasta B, como
lo quiere el plan de acciones, sino
de un elemento a otro. Del aire al agua. Y del agua a la tierra. El
fuego, en llamas de distintos tamaños, ha estado en medio de todos,
y ha sido el mismo cuerpo
en combustión,
así como los cientos
de marcadores
neón, estrellas refulgentes en el suelo.
Unipersonal hecho
a conciencia
Los trabajos de Eleonora
Dall’Asta se caracterizan,
y esta no es la excepción,
por un alto grado de entrega y
dificultad,
sin que la técnica
salga a relucir como mero ejercicio
gratuito, exhibicionista.
Antes bien, aunque de suyo está allí, es la técnica un resorte
casi imperceptible, sello de una ejecución que no pocas veces roza
la maestría.
DAAB cumple
con solvencia sus objetivos de acción motriz, y más. Nos
lleva por un viaje del orden al caos
y de este otra vez al orden. Con
la posibilidad de seguirlo reproduciendo
ad infinitum. De un punto A (orden) a un punto B (caos),
Leo se mueve en la matriz del vértigo y la calma.
El suyo es un unipersonal
hecho
a conciencia,
resuelto con
altos estándares de improvisación
que le imprimen una cercanía
imantadora y generan en nosotros emociones
dirigidas perdurables, cifradas
en el triunfo del momento presente.
Ficha técnica
CREADORA E INTÉRPRETE: Eleonora Dall’Asta
CREADORA DEL SONIDO: Marissa Chapman
Este
blog lo edita Salvador
Medina Barahona
con el apoyo de